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Entre emergencia sanitaria, el mundo vive el día de la tierra. Un momento ideal para la reflexión de los procesos de nuestra vida en general, proceso de fabricación de productos, nuestra huella de carbono, y mucho más. Nuestro colaborador en temas de ambiente, Daniel Bonilla R., comparte el siguiente artículo, incluyendo consejos para ser mejores ciudadanos del mundo.

Quito 22 de abril, 2020.- El impacto del COVID-19 va más allá de los efectos en la salud de las personas. Hemos visto que es un fenómeno que ha transcendido incluso en aspectos sociales y ambientales. A diario, en las noticias vemos ejemplos a nivel mundial de cómo un organismo microscópico, invisible a simple vista, ha podido transformar el mundo que vivíamos en una nueva realidad, casi de película.

Calles solitarias, controles sanitarios, organización en mercados, controles hasta para salir en la calle y ver a gente con mascarillas, un silencio rural en tempranas horas del día donde hasta hace pocas semanas era común, las horas pico con el consecuente tráfico vehicular. Este es uno de los cambios vistos, y que se ha dado realce en los últimos días en favor al tema ambiental, debido principalmente a la reducción de emisiones contaminantes al aire.

Los ejemplos de Venecia con agua cristalina y el regreso de fauna no vista en ese lugar en años, China donde incluso se habla que la caída de emisiones al aire debido al COVID-19 ha salvado una mayor cantidad vidas que las usuales nubles grises en sus centros urbanos, otros lugares de Europa se han beneficiado de un aire más limpio e inclusive Quito, han sido destacados en diversos medios.

Los efectos del impulsado aislamiento son palpables, basta asomarse en la terraza, en un balcón o cuando vamos a comprar víveres y medicinas, para notar que realmente el aire ha cambiado, inclusive (puede ser mi imaginación, el aire “sabe” diferente).

Localmente, los datos de la Red Metropolitana de Monitoreo de la Calidad de Aire lo confirman (REMMAQ) lo confirma, según el Indice Quiteño de la Calidad del Aire, el aire en Quito, se encuentra en estado deseable, es decir, es muy apto para la salud humana debido a las bajas concentraciones de contaminantes en el aire. Si se observa informes anuales de años anteriores, se puede observar que difícilmente el aire tiene este tipo de calidad, donde generalmente en promedio alcanza un nivel “aceptable”.

Cabe reflexionar que esta emergencia sanitaria es temporal, debe serlo. Una sociedad en términos realistas, no puede funcionar permanentemente de esta forma, sin autos, sin aviones que queman combustible fósil y que mundialmente aportan a generar gases de efecto invernadero en un 2% de las emisiones globales de carbono y en total, si sumamos todas las emisiones por transporte, este sector representa aproximadamente el 24% de las emisiones de carbono en el mundo.

La gente debe movilizarse, debe trabajar desplazándose a diversos sitios, encontrarse con colegas de trabajo, contactos de negocios, clientes, gente tomará vacaciones y, viajará a otros países y continentes, entre más actividades.

¿Qué podríamos aprender y replicar en nuestra vida “normal” para que este efecto de aire más limpio se mantenga dentro de lo posible de esta manera y que de manera de comparación el aire en todo el mundo sea “deseable”?.

La emergencia sanitaria nos ha dado un aviso de lo que podría ser, una de las soluciones es la movilidad sostenible, es decir:

Usar transporte público y exigir que sea un transporte limpio de lo posible que acoja tecnologías alternativas de operación como la eléctrica (ya que en Ecuador la matriz energética es bastante limpia, más del 80% de energía se produce por fuentes renovables).

Usar más la bicicleta.

Mantener los vehículos en buen estado mecánico.

Fomentar la disminución de viajes para comprar víveres o hacer trámites en negocios cercanos a nuestra vivienda.

Considerar el evitar movilizarse como sucede por la pandemia mundial. ¿Cómo es esto? Por ejemplo, la cuarentena mundial ha hecho que se reconsidere métodos digitales de trabajo, de reunión. Esto implica menos necesidades de movilización por ende una menor cantidad de emisiones, tráfico, ruido en las calles.

El teletrabajo implica un cambio de paradigma donde se priorice la consecución de objetivos y no el tiempo que paso en la oficina física. ¿Si puedo hacer lo mismo desde casa, realmente, ¿es necesario que vaya todos los días a la oficina gastando dinero, tiempo y quemando combustibles fósiles?

De igual manera, las necesidades de hacer turismo implican aumentar el riesgo de contagio de enfermedad, tiempo de viaje, costo de pasaje y hospedaje, entre otras gestiones. Los viajes en avión, como fue mencionado, aportan en un gran porcentaje a la contaminación del aire, es por ello que se recomienda en lo posible evitar este medio de transporte privilegiando otros más limpios como tren, autobús.

En el otro lado de la moneda, el impacto ambiental del coronavirus no puede ser mostrado solamente desde lo positivo, también existen implicaciones negativas, tales como el aumento del consumo de agua potable, lo cual implica aumentar el stress hídrico por ejemplo en Cuenca hasta el día 20 de marzo de 2020 se comunicó que el consumo de agua aumentó en aproximadamente un 25%, o una mayor generación de residuos por el acaparamiento de alimentos, medicinas, mascarillas, entre otros; debido a la preocupación de la población y aumentó la demanda de ciertos productos a más del 50%.

Debido a estos cambios de consumo en Quito, por ejemplo se realizaron campañas de concientización y la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Sanemiento anunció el día 21 de marzo de 2020 que se estaba normalizando el servicio de agua potable.

Otro ejemplo es Hong Kong, país donde se pidió evitar las compras por temor, reduciendo así el acaparamiento y la generación de residuos excesivos.

En conclusión, realmente nuestra huella en el mundo es muy relevante, y demuestra como eventos tan fuera de lo común como una pandemia mundial, puedan crear efectos positivos y negativos en el ambiente debido a la actividad humana.

Debemos aprender de esta experiencia, para:

  • Apreciar y mantener en el tiempo una calidad de aire que sea adecuada para la salud de las personas.
  • Valorar y cuidar el consumo de agua potable
  • Separar nuestros residuos para diferenciar los reciclables
  • Considerar dar otro tipo de usos a materiales que todavía son útiles.
  • Separar los residuos orgánicos puede ser útil para reducir la demanda en los rellenos sanitarios locales.

El cambio de la vida diaria en la humanidad ha mostrado como el planeta reacciona, sin embargo, el COVID-19 ha demostrado que el ser humano es tan relevante e insignificante al mismo tiempo, la Tierra continuará su curso con o sin nosotros, depende de nuestras acciones, no permitamos que las lecciones de esta experiencia, se pierdan cuando se vuelva a la rutina diaria.

Elaborado por: Daniel Bonilla, colaborador en temas ambientales de MarketingActivo.