Todos nos hemos deseado “Feliz Navidad” y seguiremos haciéndolo durante unos días más, luego vendrán los “Feliz año nuevo” y “Felices fiestas”. Una navidad muy distinta, claro! Bajo circunstancias que jamás hubiésemos imaginado la gran mayoría de personas. 

Quito, 26 de diciembre de 2020.- Una navidad tan distinta que muchos nos conectamos por las diversas plataformas hasta para el rezo de la novena; y le hemos dado un mejor valor a la tecnología, la conectividad, los teléfonos inteligentes, las tabletas, y todos los dispositivos posibles para ver a nuestros seres queridos y conversar con ellos.

Como es costumbre, estas fechas son de reflexión, y este 2020 nos extendió estos momentos, nos ha regalado, mucho para pensar, meditar, reflexionar, considerar y tal vez, lo más importante: dialogar y re-conocernos (volvernos a conocer).

El distanciamiento social obligatorio, nos está mostrando que estamos cerca y podemos dialogar siempre; nos está enseñando que la distancia puede “desaparecer” cuando nuestros corazones se unen a nuestro cerebro con más fuerza y hacemos posible los diálogos usando las herramientas disponibles. Antes, simplemente no existía el hábito de hacerlo. Ahora si. 

En esta época, cada uno sacará sus conclusiones de su propio comportamiento, sus metas alcanzadas, sus deseos, sus necesidades insatisfechas y mucho más. Muchos recordaran momentos vividos con seres queridos que ya no están aquí y pensarán lo que “hubiesen hecho”.

Quiero enfatizar la palabra “diálogo”, porque el distanciamiento de verdad que se veía entre las familias, incluso al sentarse en la mesa, empezaba a ser un punto de quiebre importante que tendría un efecto directo en el comportamiento de la sociedad y sus interacciones. 

No se trata de que los Zs, Xs, Ys, Boomers o como quieran segmentar; tengamos distinto comportamiento. 

Se trata de entender que todos somos seres humanos, y la construcción de la sociedad se hace “dialogando”. Se trata de tiempo compartido, educación guiada, constructiva, positiva, comprendiendo los puntos de vista de cada uno, con respeto, conversando de todos los temas posibles (por favor incluir ser mejores consumidores).

Así resulta que los niños enseñan muchas cosas a los adultos, y que los niños, aprenden de la experiencia de los adultos. La suma de las fortalezas de cada una de las partes, brindará un resultado extraordinario para la sociedad en general. 

Pre-pandemia analizaba el distanciamiento social que se producía en cada mesa de comedor, en cada sala familiar, en cada reunión. Una distancia cada vez más pronunciada. Alimentada por la misma tecnología, pero después de pandemia, queda claro que la conectividad es un vínculo, todo depende de su uso.

Dialoguemos más, compartamos más momentos divertidos en familia y con amigos, conversemos, analicemos y disfrutemos de elevar la educación de cada uno, porque los adultos no sabemos todo, aún estamos aprendiendo cada día y eso, es lo único que sabemos de manera certera. 

Si escuchamos, abrimos nuestras mentes a criterios distintos a los nuestros, si somos humildes del saber, construiremos una mejor sociedad que bien nos hace falta.

Feliz Navidad! No hay distancias!