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En la más reciente edición del informe Perspectivas regionales: Las Américas, el FMI muestra que la tasa de pobreza cayó aproximadamente del 27% al 12%, y que la desigualdad se redujo casi un 11% en toda América Latina entre 2000 y 2014, en el período conocido como de auge de las materias primas, en el que “los precios de los productos como el petróleo y los metales aumentaron sin pausa por la creciente demanda de economías de mercados emergente como China e India”.

Sin embargo el informe destaca que “ahora que el auge pasó, las tasas de pobreza comienzan a crecer en algunos países, y la creación de empleo se desaceleró. La región debe buscar nuevos modos de aumentar su recaudación y permitir un gasto mayor en áreas sociales clave, como la educación y la salud. Eso ayudará a sostener el crecimiento y a combatir la desigualdad y la pobreza”.

El FMI resalta también que América del Sur fue la región que más se benefició del auge debido a que alberga a muchos exportadores de materias primas. Además el informe destaca que “algunos gobiernos utilizaron el aumento de sus ingresos para elevar las transferencias sociales a los grupos de menores ingresos, como las pensiones no contributivas Renta Dignidad en Bolivia y Pensión 65 en Perú, y el programa de transferencias condicionadas en efectivo Bolsa Familia en Brasil, para reducir aún más la pobreza y la desigualdad” y también se dio una redistribución de ganancias hacia las regiones productoras de recursos naturales, a través de sus municipios.  Sin embargo, “en las regiones de mayor concentración de materias primas de Bolivia y Brasil, Tarija y Río de Janeiro, respectivamente, que recibieron enormes transferencias fiscales relacionadas con las materias primas durante el auge, cuando llegó a su fin, se han visto sometidas a graves presiones presupuestarias por el deterioro de sus ingresos”.

Frente a esta realidad el FMI sugiere algunas medidas para gestionar los efectos de la caída de los precios de las materias primas. “Para mantener la calidad del gasto social y en infraestructura, los gobiernos de la región necesitarán recaudar más y gastar de manera eficiente. Esto es importante ya que América Latina gasta mucho menos en protección social que las economías avanzadas y las de mercados emergentes de Europa”.
En este sentido el FMI aconseja:
  • Aumentar la recaudación del impuesto progresivo a la renta de las personas físicas, que suele ser menor en América Latina que en otras regiones.
  • Reducir los subsidios energéticos, que suelen beneficiar más a ricos que a pobres.
  • Orientar mejor el gasto social y asegurar que no se desperdician otras partidas de gasto.
  • Tener más en cuenta las necesidades de gasto (por ej., el tamaño de la población y los niveles de pobreza) al transferir recursos fiscales asociados con la producción de materias primas a las regiones y municipios.
  • Considerar la posibilidad de utilizar en mayor medida los fondos de estabilización para obtener ingresos volátiles procedentes de los recursos naturales, con normas y mecanismos de gobierno claros.
  • Seguir reforzando la capacidad a nivel local. Por ejemplo, capacitar más al personal de los gobiernos locales, garantizando el acceso a las tecnologías adecuadas y evitar una rotación excesiva.

Y, dado que la mejora de la educación fue un factor clave para reducir la desigualdad y la pobreza durante el auge, el aumento de la calidad educativa será fundamental para seguir avanzando en un mundo que dejó el auge atrás.

Fuente: FMI – Blog Dialongando a Fondo