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El inexorable cambio tecnológico a raíz de la llamada “Cuarta Revolución Industrial” por Klaus Schwab ha afectado a los servicios financieros, debido al proceso de adaptación apresurado por el que han tenido que pasar. Fintech Américas, en colaboración con Celent ha realizado una encuesta en mayo del 2019 a 160 banqueros en América Latina para comprender el futuro de la profesión bancaria en el continente e identificar la brecha de habilidades en los servicios financieros.

En el Informe publicado se demostró que más del 92% de los entrevistados están conscientes del cambio de la industria en los siguientes 5 a 10 años. Además 64% demuestran confianza con respecto a su entendimiento de la nueva tecnología que deberá ser implementada debido a la demanda de la digitalización. Sin embargo, solo el 35% de ellos aseguran que su empresa está en capacidad de afrontar dichos cambios en el servicio financiero. 30% aseguran tener la habilidad necesaria para la transformación.

Las preocupaciones principales son: Los sistemas heredados con un 41% y el presupuesto para la innovación y el cambio con 35%, a estos dos le sigue la preocupación con respecto a la cultura de la organización y la resistencia al cambio con 34%.

Con respecto a las habilidades que deberían ser mejoradas para un mejor proceso de adaptación se considera la inteligencia emocional y el cambio cultural, tanto interna como externamente, como factores importantes. Además, está el aprendizaje y capacitación de los empleados y la revolución de las formas de trabajo.

Dentro de las recomendaciones mencionadas por el Fintech Americas se encuentra la concentración en los empleados y la cultura empresarial, cambio que sugiere ser el más complicado, sin embargo, necesario para la apertura a los nuevos sistemas financieros. Para ello recomiendan identificar a los líderes de habilidades dentro de las empresas, quienes deberán ocuparse de localizar las habilidades necesarias y capacitar e influenciar a los trabajadores internos de las instituciones. Es necesario crear una flexibilidad en los sistemas operacionales internos para la adaptación a las nuevas tecnologías y aceptar el fracaso como parte del camino hacia el éxito. Finalmente aseguran que el aprendizaje debe ser permanente, ya que la coevolución de la tecnología y sistemas financieros es inevitable.