cerebroEl cerebro reptil es aquel que expresamos con los latidos del corazón, el que se ve en la resonancia magnética cerebral, en la transpiración, es el que emite señales no verbales y que sin que estemos consientes, toma las decisiones por nosotros. Por ejemplo, si pregunta a un fumador el por qué fuma, este no hablará de la adicción y la dependencia, sino probablemente de la libertad de fumar.

Según explicó Patrick Renvois, asesor en neuromarketing del equipo de campaña del presidente Obama, el 99% de nuestras decisiones no las toma nuestra razón, sino el instinto. Luego la razón busca excusas para justificar lo que ha elegido nuestro cerebro reptil, primario: el que heredamos de los dinosaurios. Y añadió que, los seres humanos como seres evolutivos hemos ido acumulando capas de cerebro: “el más antiguo, el núcleo, es el mismo que teníamos cuando éramos reptiles y sigue siendo el más influyente; sobre él se superpusieron capas de cerebro medio, emocional y, encima, las más recientes circunvoluciones cerebrales: el neocórtex racional”.

Renvois también explicó que los seres humanos, entre dos opciones, no elegimos siempre la más racional, sino la que prefiere nuestro cerebro reptil. La cual no siempre es la obvia. El cerebro reptil es un enorme yo. Sin él nos habríamos extinguido. El reptil no tiene compasión ni empatía. Solo entiende los grandes contrastes, blanco o negro. No tiene tiempo de más. Este cerebro reduce opciones a lo binario para sobrevivir. Básicamente, se trata de un cerebro que no entiende abstracciones, solo lo tangible, y es profundamente visual y emocional.

Ahora, ¿cómo se trata con el cerebro reptil?, si lo que se busca es convencer a los demás, debe olvidarse de su yo comenzar a pensar en el tú. Aunque para poder persuadir lo primero que hay que hacer es diagnosticar el dolor. Saber qué es lo que la gente está buscando y aprender a satisfacer eso, convenciendo de que lo que uno ofrece será lo más adecuado para ellos.