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Estados Unidos reducirá a la mitad su dependencia del petróleo de Medio Oriente para fines de esta década, y podría eliminarla por completo para el 2035 debido a una menor demanda, y a  la rápida expansión de nuevas fuentes de crudo en el hemisferio occidental, según lo manifiestan los analistas.

Para el 2020, casi la mitad del crudo que consume Estados Unidos, será producido en ese país, mientras el 82% provendrá del Atlántico, según la Oficina de Información Energética de Estados Unidos. Para el 2035, los envíos de petróleo desde Medio Oriente a EE.UU. y Canadá podrían desaparecer, según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Michael O’Hanlon, experto en seguridad nacional de la Brookings Institution, sostiene que EE.UU. gasta $50.000 millones al año para proteger envíos de petróleo, pero China, un creciente consumidor de crudo de Medio Oriente, busca una mayor presencia en la región.

El alejamiento del petróleo de Medio Oriente significa lazos más cercanos con Canadá, que está emergiendo como el principal aliado energético de Estados Unidos, pero también con los vecinos latinoamericanos que son sólidos socios comerciales.

El renacimiento del petróleo estadounidense reduce los precios del crudo, dándole un impulso a la economía en momentos en que una desaceleración global amenaza la demanda.

Analistas del gobierno de Estados Unidos, prevén que las compras de petróleo de este país a Medio Oriente, África y Europa descenderán a alrededor de 2,5 millones de barriles diarios para el 2020, frente a los más de 4 millones diarios actuales, y que las importaciones de los miembros de la OPEP del Golfo Pérsico caerán a 860.000 barriles diarios ese año, desde los 1,6 millones de barriles actuales.

Las inversiones globales en petróleo y gas se triplicaron entre el  2003 y el 2011, según IHS Cambridge Energy Research Associates. En el 2011, 48% de la inversión global en petróleo, o lo equivalente a $320.000 millones, terminaron en América, es decir, un aumento del 39% frente al 2003.