En esta segunda entrega, Gary Whitehill, el futurista que visitó Quito – gracias a Mujeres por Ecuador – comparte con nosotros conceptos sobre el desarrollo del sistema en el que vivimos, los efectos causados en las personas, los negocios y la sociedad en general. Habla de lo imperfectos que somos, cómo luchar y “no vendernos al diablo”. Su preocupación mayor es que las personas vivimos en el día a día sin tomar consciencia de que el mundo está muriendo.

Para Gary Whitehill, las personas no tomamos en serio que el mundo se está acabando, no sólo en el ámbito del medio ambiente sino en varios. Para él, la realidad en la que vivimos hoy, es un momento muy serio de la humanidad y no estamos considerándolo de esa manera para tomar los pasos necesarios hacia un cambio importante, que impacte en la vida de cada uno de nosotros.

“Esto no es una telenovela, es la vida real y es muy serio” dice Whitehill destacando que existe una falta de conciencia sobre todo lo que está pasando. El reto actual más importante es cambiar esa manera de pensar, pues para él, este pensamiento se ha convertido cada vez más en una excusa para dejar pasar cualquier cosa y no asumir las responsabilidades que los seres humanos tenemos. “Nos dejamos llevar por las redes sociales, las noticias falsas y todo tipo de `información´ que en realidad es una desinformación”. Whitehill dice que el sistema, sea quien sea que lo sigue construyendo, busca justamente  que todos sigamos “desinformados” y no seamos conscientes.

Según Whitehill, bajo estos conceptos están formadas las escuelas por ejemplo, por eso es que hoy las escuelas no enseñan nada, porque el sistema no quiere enseñar y así mantener la explotación que se ha dado hasta el momento. Aunque reconoce que todo somos explotados de una u otra manera y que eso no cambiará nunca, porque simplemente somos humanos y en sí misma, la naturaleza es así. Citó una frase que su madre le enseñó: “cuando suficiente es suficiente”. 

La naturaleza es extremadamente dura comentó Whitehill, pero siempre hasta un límite que conduce al balance del ecosistema. Entendiendo este concepto, lo transportamos hacia el mundo de los negocios y tan directo en sus conceptos, el entrevistado lo definió: “todo aquel que es millonario, pertenece a alguien más” tal vez la frase en español más precisa sería “todos tienen un dueño”.

Whitehill destacó que “lo que vale la pena es construir valor en todas las etapas del negocio” y que para él ésa es la manera de no hacer un trato con el diablo. Los valores son la defensa, respetarlos sería el camino. Compartió con nosotros que, sin duda, en esta sociedad todavía hay ventajas étnicas. Se puso de ejemplo y contó un poco de su propia historia y cómo aprendió que todo es una ilusión exceptuando el verdadero contacto de los seres humanos.

Para él, realizar estas conferencias y compartir estos espacios, es una obligación tras haber tenido todas sus experiencias. “Lo que no es falso son los valores y que te preocupes por diseñar un mundo mejor para tus hijos” y mejor aún si consideras hacerlo desde una perspectiva de comunidad, porque en realidad no lo estás creando para ti mismo, en efecto, la construcción es para todos, excepto para ti.

El sistema establece varios conceptos y prácticas que están insertadas de manera muy determinante y es un problema de estructura. Una forma de detener esto es descubriendo cómo hacer las bolsas de valores irrelevantes en el siglo XXI. El problema es un aspecto fundamental, filosófico y estructural que inicia al más alto nivel y baja a la estructura de las compañías. 

“Los negocios son una guerra” es una de sus frases que abordamos y es que para Whitehill esta guerra no sólo es con el mercado y los intangibles culturales, pues habla también de la disciplina que los negocios requieren. 

Y en cuanto a esta disciplina Whitehill afirma: “la última vez que revisé, nadie puede decir que tiene sus 5 baldes al 100%: mental, física, emocional, espiritual y financieramente completos. Incluyéndome! No llegamos ni al 80% en todos al mismo tiempo, porque en realidad hay que entender que somos imperfectos”.