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“La desigualdad es ineficiente, se reproduce y permea el sistema productivo. Por el contrario, la igualdad no es solo un principio ético ineludible sino también una variable explicativa de la eficiencia del sistema económico a largo plazo” afirmó Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), durante su intervención en la sesión sobre El Costo de la Desigualdad (The Cost of Inequality) que tuvo lugar en el Foro Económico Mundial 2019, realizado a finales de enero en Davos, Suiza.

“La igualdad es requisito indispensable para el desarrollo sostenible. La CEPAL ha probado con números que sin igualdad las economías son ineficientes, y alcanzan menores niveles de productividad e inversión”, resaltó la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL.

Agregó además que “igualdad, productividad y democracia son bienes complementarios estratégicos y no sustitutos, más aún en un mundo con fuertes tensiones económicas, políticas y ambientales”.

Puntualizó que en el informe La ineficiencia de la desigualdad, publicado en mayo de 2018, la CEPAL confirma que “la desigualdad obstaculiza el incremento de las capacidades de consumo de la población de menores recursos y por tanto, de demanda de bienes y servicios, restando dinamismo a las economías. La desigualdad también se transforma en semilla de descontento e inestabilidad social y política, que en definitiva también afectan a la economía de los países”.

Alicia Bárcena precisó que la existencia de una correlación inversa entre productividad y desigualdad, en la que bajos niveles de participación salarial en el ingreso se asocian a menores tasas de inversión, es una de las evidencias de que la desigualdad obstaculiza el desarrollo.

La alta funcionaria de Naciones Unidas destacó que el gasto social, así como las políticas tendientes a combatir la evasión y la elusión fiscal, que anualmente le cuestan a la región 320.000 millones de dólares, son instrumentos efectivos para la redistribución de la riqueza.

“La igualdad y la desigualdad están asociadas a la élite y a la cultura de los privilegios, es decir, están relacionadas con aquellos que están exentos o que eluden impuestos, aquellos que pueden eludir la ley. Eso naturaliza la desigualdad”, advirtió. “Debemos tener compasión, solidaridad e igualdad”, aseveró.

Subrayó además la urgencia de cambiar el paradigma de desarrollo transitando hacia patrones de producción y consumo sostenibles, con trabajo decente y titularidad de derechos, tal como propone la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.