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A lo largo de los años, la sociedad se ha permitido a si misma ser engañada, sobre todo cuando se trata de grandes marcas. En los años 60 por ejemplo, las empresas de tabaco dijeron que fumar era elegante y saludable, y la gente fumaba excesivamente. En los años 80 las empresas estadounidenses situaron con éxito restaurantes de comida rápida, pantalones vaqueros de marca y tecnologías baratas en el día a día.

El enfoque estándar para la mayoría de las empresas ha sido centrarse en cómo se ven, todo artificial y nada de corazón. La publicidad sin alma ha situado imágenes poco realistas de lo que la belleza debería ser. Y es así que las marcas más importantes del mundo han conseguido una gran influencia en la mente de las personas, diciéndonos no solamente qué comprar, sino qué tipo de estilos de vida debemos seguir.

Pero en la actualidad las reglas del marketing y el mundo están cambiando. Los consumidores tienen la necesidad de un nuevo tipo de vinculación empresarial. Se han dando cuenta de que hay poca similitud entre ser dueño de cosas y ser feliz. Ahora buscan realizar compras con valores y apoyar a las marcas que realmente significan algo distinto. Los mensajes corporativos sin inspiración están comenzando a fastidiarlos y ahora los clientes desean marcas honestas.

Algunas marcas ya han caído en cuenta de este cambio radical y están ajustándose a la evolución del entorno social. Entienden que ya no es práctico tratar de distraer a los consumidores de los aspectos negativos de sus marcas. En cambio, están levantando el ánimo, diciendo la verdad y haciendo cambios al respecto. ¿Por qué? Porque ellos realmente quieren existir en el futuro. Pero, un momento. “¿No es casi imposible que una marca diga la verdad?”.

El mayor error establecido en este campo es pensar que la perfección de marca es necesaria antes que la honestidad dentro de una estrategia de marketing. Está claro que el ser honesto no significa ser perfecto; simplemente significa comunicar con la verdad los desafíos a los que se enfrenta. Son pocas las marcas que pueden reconocerse por su enfoque hacia la honestidad, mientras que otras aún tienen mucho trabajo que hacer.

Un aspecto muy importante que las marcas precisan saber, es que cuando se presentan con honestidad los consumidores se vuelven unos amantes leales. Y aunque el debate continúa sobre si las corporaciones son personas o no, hay una cosa que es cierta: todas tienen un corazón. Cada marca tiene valores e intenciones, ya que las empresas están formadas por personas que también muestran estos valores. Las marcas son un reflejo de la gente que las representa. Y los consumidores se sienten muy bien al ver corazones honestos en el centro de sus empresas favoritas.

Las marcas pueden ir en dos direcciones: una, seguir ocultándose y sacar del mapa las verdades internas de la compañía. Y dos, avanzar hacia una nueva estrategia de comunicación basada en la honestidad y transparencia. En esta era de la conexión y el uso compartido instantáneo, un movimiento hacia la verdad es indudablemente más inteligente.