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Diego Beltrán, asociado Senior en Solines & Asociados, analiza el tema de la protección de datos y destaca que “hay múltiples dimensiones cuando hablamos de protección de datos de carácter personal, lo fundamental como prosumidores, es entender qué son los datos de carácter personal. Estos se refieren a cualquier información de personas físicas que no son datos calificados como públicos (nombre, sexo, nacionalidad), por ejemplo la dirección del domicilio, número de celular, placa de vehículo, imagen, correo electrónico, historia clínica, filiación política, perfiles de consumo, y muchas otras”.

Afirma que “en materia de protección de datos siempre hay un elemento importante que son los DDHH. Como personas somos titulares de los datos de carácter personal y estamos protegidos”.

Explica que cotidianamente y de muchas maneras se revelan datos de carácter personal. “Cada vez que yo lleno un formulario, realizo una consulta en internet que contenga datos de carácter personal, cada vez que se registran mis consumos con una tarjeta de crédito, o cuando una telefónica recopila datos de este tipo, y posteriormente se comercializan, transfieren, venden, ceden, publicitan, hay un tratamiento de datos que debe estar regulado por la ley, y sobre el cual tengo derechos. Pero el elemento sustancial viene del conocido como consentimiento informado, es decir que todo tipo de tratamiento tiene que ser previamente autorizado por el titular, de lo contrario, en estricto sentido y derecho, no podría realizarse” especifica Beltrán.

«Cuando soy consumidor esos datos son oro en polvo, no solo para empresas sino para quienes están encargados de comercializarlos y publicitarlos” resalta.

Beltrán señala que “los consumidores no están conscientes de que hay un grado de protección al que tienen derecho y las empresas no están conscientes de que tienen la obligación de respetar esos derechos”.

Cita casos comunes: “Hemos recibido emails, llamadas, catálogos, cupones, etc, sin haber solicitado esos productos o servicios. ¿Es eso legal, es correcto?” cuestiona.

Resalta que “quiénes pueden acceder a esta información no solo son actores benevolentes, pues esa información sin duda está a la venta por parte de distintas empresas donde yo revelo mi información de manera voluntaria, por ejemplo una red social, y es conocido que  esas plataformas tienen el poder de vender esa información a empresas de marketing o desarrolladores de productos y servicios. Eso no esta mal, el problema es que lo hagan sin mi consentimiento o conocimiento, y no necesariamente con el objeto de mejorar sino con el objeto de cobrar más”.

Agrega que “hay dos caras de la moneda, en absoluto el entorno digital es un sitio necesariamente negativo, no necesariamente compartir datos de carácter persona debe ser regulado o censurado sin ningún tipo de reflexión y sin duda, el entorno cibernético ofrece importantes oportunidades. Es por el uso indiscriminado que puede hacerse y sobre todo sin ningún tipo de consentimiento de la persona, donde empiezas a transgredir derechos. Cuando tú, de manera liberal, aprovechándote de esta sensación de desprendimiento que existe cuando la persona interactúa en un medio digital, y que no hace una adecuada conciencia de la delicadeza de la información que está compartiendo, es que puede haber un abuso de esa información. Entonces la pregunta que surge es si ¿estamos o no protegidos de alguna manera aquí en el Ecuador?” dice Beltrán.

“Hay entidades gubernamentales abocadas a hacer un escrutinio de la actividad que hagan empresas respecto de este tipo de productos, porque al fin y al cabo, los datos son el nuevo petróleo para quien sepa explotarlo” asevera.

Detalla que cuando accedemos a un volumen importante de servicios como Uber, Cabify, o google, estamos haciendo una sesión voluntaria de cierto grado de privacidad. “Provees un volumen importante de datos. En búsquedas accedes a que por ejemplo usen tu ubicación, por eso es responsabilidad del usuario hacer un uso adecuado de estos servicios y estar consciente de que cuando está haciendo clic en esa cajita que dice términos de uso, realmente  debe leerlos”

Hace énfasis en que “es nuestra responsabilidad hacer un manejo adecuado de nuestra presencia en línea, porque ahí está la mayor cantidad de datos que estamos revelando»

Explica que desde el 2002 se expide la Ley de Comercio Electrónico, firmas electrónicas y mensajes de datos y que esa regulación está vigente sobre el tema de protección de datos. “Esta ley en su artículo 9 establece la obligatoriedad de contar con el consentimiento expreso (no “implícito”), respondiendo a principios de privacidad, intimidad y confidencialidad y la Constitución del Ecuador en el artículo 66, numeral 19 establece el derecho “a la protección de datos de carácter personal, que incluye el acceso y la decisión sobre información y datos de este carácter, así como su correspondiente protección. La recolección, archivo, procesamiento, distribución o difusión de estos datos o información requerirán la autorización del titular o el mandato de la ley” dice Beltrán.

“Esto significa que las empresas que tienen el deseo de usar esta información, que es un interés legitimo, deben pedirte la autorización” enfatiza el experto.

Luego resalta algunas formas en que los consumidores podemos tomar una posición mucho más activa respecto de lo que exigimos a las empresas que nos proveen productos y servicios.

“No es desconocido que los usuarios que se sienten afectados y toman con seriedad estos derechos, por lo general suelen ser muy proactivos” asegura Beltrán. Agrega como ejemplo de lo que se puede hacer en estos casos: “Si yo le digo a una empresa de la que soy cliente que yo no he autorizado o consentido que mis datos se compartan y que si no hace una declaración pública  de que los datos de sus clientes son seguros y no se comercian, yo me salgo de su servicio, porque siento que no me está tratando con un grado de responsabilidad”.

Otra recomendación es que cuando se recibe una llamada de una empresa a la que no hemos consentido que tengan nuestros datos, se les interrogue respecto a cómo se construyó la base de datos, quién les dio la información y aunque por lo general son call centers que no tienen la respuesta, “es una señal clara de que la  gente  está despertando sobre el conocimiento de sus derechos y un escrutinio de cómo se están obteniendo los datos».

Y en última instancia vienen las medidas judiciales. «Yo puedo demandar a una empresa que no ha respetado su obligación constitucional de pedirme autorización antes de comercializar esos datos, para que cese esa conducta y la tercera vía que se usa en países del primer mundo, es pedirle al legislador que actúe” afirma Beltrán.

“Los consumidores tenemos la responsabilidad de empoderarnos de nuestros derechos, conocerlos y hacer un uso prudente de las libertades que temas como la tecnología nos ofrecen. Si manejamos un sentido  de prudencia, de criterio respecto a lo que voluntariamente contribuimos  a este enorme acervo de información que está flotando en el ciberespacio y le sumamos un importante escrutinio de lo que hacen las empresas con nuestros datos: los hospitales, las universidades, los bancos, los hoteles, restaurantes, las empresas de marketing; si exigimos de manera proactiva, real, que los datos que hemos aportado se preserven y mantengan de manera responsable  y lo hacemos como una colectividad empieza a exigir responsabilidad en el manejo de la información, sin duda vamos a tener incidencia” asegura el experto.

Y concluye señalando que “de cara al Estado, como ciudadanos, tenemos que exigir un manejo responsable de la información,  que los datos que yo consigno se los maneje de manera diligente, responsable, que no sea fácil su acceso, sin restringir la libertad de flujo de información. De esa manera, los consumidores, que somos la prioridad, vamos a lograr que haya un cambio en la mentalidad de cómo se hace marketing y se promocionan productos y servicios”.

Escuchar la entrevista completa aquí: