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Ya se siente la navidad. Somos testigos que la estrategia más utilizada para la temporada son las ofertas. Encontramos de todo tipo en el mercado, descuentos entre el 20% al 50%. Hay una pregunta que me han hecho por varias ocasiones: ¿Son verdaderas las promociones? He incluso, algunos cuestionan si antes de las promociones, hay incremento en los precios, pues así, se presenta como una promoción espectacular.

Son preguntas fuertes que dentro de nuestra gestión, hasta nos podrían herir los sentimientos, al llamarnos mentirosos y algo más. Sin embargo, no podemos negar que en la realidad hay ocasiones en las que incluso a uno le hacen dudar.

Las promociones tienen como concepto fundamental, elevar las ventas de un bien o servicio que por cualquier motivo haya disminuido su participación en el mercado. Así, brindar la oportunidad a los consumidores de adquirir dicho bien o servicio, bajo un marco que favorece a su ahorro. El resultado de esta gestión genera la rotación del producto y libera inventarios.

Otra perspectiva sobre promociones, buscan lograr mejor penetración al mercado de un bien o servicio –nuevo o no- con mayor posibilidad de reconocimiento en los consumidores, como efecto.

Así que el hecho de “mentir” en las promociones, no es correcto, no es eficaz. En efecto, prácticamente estaríamos hablando de un “haraquiri”, ya que los consumidores están atentos. No solo es éticamente incorrecto, sino que los resultados buscados no se lograrían, los consumidores son expertos en compras y en sus manos está el futuro de cada producto o servicio.

Sin duda la navidad es la época de liberación de emociones por esto, todos queremos llevarnos un pedazo del presupuesto de cada consumidor. Las tácticas para atraer a todos hacia el local, el producto o el servicio, son muchas. No solo la promoción, ésta no funciona, si otras variables están mal planteadas.