Las organizaciones a nivel global atraviesan una etapa de transformación estructural marcada por la convergencia de fuerzas tecnológicas, económicas y laborales, que están redefiniendo la forma en que se crea valor y se sostiene el rendimiento.
Marzo 19, 2026. – Así lo plantea el informe denominado The State of Organizations 2026 realizado por la consultora Mckinsey, que advierte que la irrupción de la inteligencia artificial (IA), la incertidumbre geopolítica y la evolución de las expectativas del talento están impulsando cambios profundos y simultáneos.
En este contexto, el estudio, publicado a finales de febrero de este año, identifica al menos siete transformaciones que están reconfigurando el funcionamiento de las empresas y su proyección futura.
El primer gran cambio es la consolidación de organizaciones impulsadas por IA. Aunque el 88% de las compañías ya experimenta con esta tecnología, el 81% aún no logra impactos relevantes en sus resultados financieros. El informe señala que el “verdadero desafío radica en ir más allá de aplicaciones aisladas y avanzar hacia una transformación integral que reconfigure procesos, estructuras y modelos operativos”.
En esa línea, emerge una segunda transformación clave: la colaboración entre humanos y agentes de IA. Lejos de reemplazar completamente el trabajo humano, la tendencia apunta a modelos híbridos en los que ambas capacidades se complementan. Según el estudio, el 55% de los líderes considera que desarrollar habilidades en IA dentro del talento humano generará “ganancias exponenciales de productividad”.
Un tercer cambio se observa en la evolución de los servicios compartidos. Estos dejan de ser centros operativos tradicionales para convertirse en plataformas globales impulsadas por IA, capaces de integrar automatización, análisis de datos e innovación a gran escala. El análisis subraya que el debate ya no es si transformarlos, sino “qué tan rápido pivotar” hacia estos nuevos modelos.
Reconfiguración económica y productividad
El cuarto eje de transformación se vincula al contexto geopolítico. Con un 72% de líderes que reporta impactos significativos por la incertidumbre global, las organizaciones se ven obligadas a desarrollar estructuras más resilientes y flexibles. La diversificación de mercados y el uso de tecnología para anticipar riesgos se posicionan como factores críticos para sostener la competitividad.
En paralelo, el documento identifica un cambio en la forma de abordar la productividad. La transición “de la estructura al flujo” implica dejar atrás modelos rígidos para enfocarse en cómo se ejecuta el trabajo. Simplificar procesos, eliminar duplicidades y automatizar tareas son acciones clave para superar lo que el estudio define como un “techo de productividad”.
El sexto cambio apunta a una mayor concentración en el núcleo estratégico del negocio. Las organizaciones están priorizando aquellas áreas donde pueden generar mayor impacto, reasignando recursos y talento de manera dinámica. Sin embargo, solo el 30% logra hacerlo de forma efectiva a nivel empresarial, lo que evidencia un amplio margen de mejora.
En séptimo puesto, se suma la necesidad de alcanzar un nuevo nivel de desempeño organizacional. Menos del 25% de las empresas consigue mejoras sostenidas en el tiempo, lo que refleja la dificultad de alinear cultura, sistemas y bienestar del talento con objetivos de alto rendimiento.
Más allá de tendencias aisladas, el informe advierte que se trata de cambios interdependientes que exigen una visión integral. El desafío central será priorizar “el rendimiento sostenido y la creación de valor a largo plazo”.
En un escenario de incertidumbre constante, la capacidad de adaptación y anticipación se consolida como el principal activo estratégico para las empresas del futuro.
Víctor Vergara/




