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Davos 2026: la IA y la resiliencia económica marcan las claves para impulsar el crecimiento global

La inteligencia artificial, junto con la capacidad de adaptación de las economías, se consolidó como uno de los principales motores para desbloquear nuevas fuentes de crecimiento global, según coincidieron líderes y expertos durante la Reunión Anual del Foro Económico Mundial 2026 en Davos.

Febrero 12, 2026. – En un contexto marcado por tensiones geopolíticas y comerciales, los participantes destacaron la resiliencia de la economía mundial, que logró sostenerse pese a un entorno de alta incertidumbre.

Durante la sesión “Perspectivas Económicas Globales”, representantes de organismos internacionales, gobiernos y sector privado analizaron los factores que permitieron esta estabilidad, al tiempo que advirtieron sobre riesgos emergentes que podrían afectar el crecimiento en el mediano plazo.

Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), explicó que, a pesar de la volatilidad global, la economía mostró signos de fortaleza impulsados por diversos factores estructurales.

“Al analizar en profundidad, identificamos cuatro elementos clave: la agilidad del sector privado, la menor intensidad de las tensiones comerciales de lo previsto, el entusiasmo por la inteligencia artificial y la acción oportuna de los bancos centrales y autoridades fiscales. Esperábamos una reacción mucho más fuerte ante las tensiones, pero en realidad su impacto fue más limitado de lo anticipado”, afirmó.

IA, productividad y riesgos estructurales

En el análisis de los panelistas, la inteligencia artificial emergió como un factor determinante para el crecimiento económico, con el potencial de incrementar la productividad y transformar el comercio global. Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), señaló que esta tecnología ya generó impactos positivos en la reducción de costos y la optimización de procesos logísticos.

“Las proyecciones indican que la inteligencia artificial podría aumentar el comercio global en un 40 % hacia 2040, pero esto dependerá de que su adopción sea equitativa. Si no logramos una distribución adecuada de sus beneficios, corremos el riesgo de profundizar las desigualdades, especialmente en los mercados emergentes, que representan el futuro del crecimiento económico”, sostuvo.

En la misma línea, Mohammed Al-Jadaan, ministro de Finanzas de Arabia Saudita, advirtió sobre los riesgos asociados a una implementación desigual de la tecnología.

“Es fundamental no subestimar los riesgos que la inteligencia artificial puede generar en términos de concentración de riqueza. Debemos garantizar que sus beneficios lleguen a un mayor número de personas y empresas, especialmente a las pequeñas y medianas, para evitar brechas más profundas”, indicó.

Por su parte, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, planteó la necesidad de analizar el impacto de la IA más allá de la productividad económica, incorporando variables sociales y regulatorias.

“Debemos ser cautelosos en la forma en que implementamos la inteligencia artificial, para evitar efectos negativos sobre el tejido social. La discusión no debe centrarse únicamente en el crecimiento, sino también en el bienestar y en la necesidad de establecer marcos regulatorios adecuados”, afirmó.

Asimismo, expertos señalaron que el impacto de la IA en el mercado laboral, especialmente en los empleos de nivel inicial, requerirá estrategias activas de adaptación. Nela Richardson, economista jefa de ADP, destacó la importancia de integrar a los jóvenes en este proceso de transformación.

“Las ocupaciones más expuestas a la inteligencia artificial presentan vulnerabilidades en las etapas iniciales de las carreras profesionales. Es necesario que los empleadores consideren de forma intencional a los jóvenes y generen oportunidades que les permitan adaptarse a los nuevos modelos de trabajo”, explicó.

En este contexto, Georgieva subrayó la necesidad de fortalecer las habilidades de la fuerza laboral y fomentar el desarrollo de nuevas oportunidades económicas.

“Debemos invertir en la capacitación de las personas y promover la creación de negocios, especialmente en el segmento de las micro, pequeñas y medianas empresas, para aprovechar plenamente el potencial de la inteligencia artificial”, señaló.

Más allá de la tecnología, los panelistas coincidieron en que uno de los principales desafíos estructurales radicó en el incremento de la deuda pública y privada, en un entorno de posibles tasas de interés más altas y cambios demográficos. Este escenario podría limitar la capacidad de los gobiernos para responder a futuros shocks económicos.

Georgieva advirtió sobre el impacto de estos factores en las finanzas públicas. “La deuda pública, que en muchos casos alcanza niveles cercanos al 100 % del PIB, representa una carga significativa. En los países más vulnerables, el costo del endeudamiento puede superar incluso el gasto en áreas clave como educación y salud, lo que restringe la capacidad de respuesta ante nuevas crisis”, afirmó.

Los líderes coincidieron en que el entorno global continuará marcado por la incertidumbre y la recurrencia de shocks, lo que exigirá una mayor preparación por parte de gobiernos y empresas. En ese sentido, destacaron la importancia de fortalecer la resiliencia, diversificar riesgos y construir bases económicas sólidas.

“Estamos frente a un mundo que no volverá a ser como antes. La planificación debe contemplar escenarios de incertidumbre permanente, con estrategias que permitan adaptarse y responder de manera efectiva a cambios constantes”, concluyeron los participantes.

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