América Latina y el Caribe registrará un crecimiento económico de 2,1% en 2026, por debajo del 2,4% alcanzado en 2025, de acuerdo con el más reciente informe Panorama Económico de la región. Para 2027, se estima una leve recuperación hasta el 2,4%.
Abril 14, 2026. – De acuerdo a un análisis publicado por el Banco Mundial, estas proyecciones reflejan un escenario internacional complejo, caracterizado por altos costos de financiamiento, una demanda externa debilitada y presiones inflacionarias vinculadas a la incertidumbre geopolítica.
El informe señala que estos factores están limitando la inversión privada y la generación de empleo, configurando un entorno de crecimiento moderado. No obstante, también subraya que, mediante políticas adecuadas, la región cuenta con la capacidad de reorientar su desempeño económico, aprovechando sus recursos naturales, su potencial energético y los procesos de reforma en marcha para impulsar un crecimiento más inclusivo y sostenible.
Susana Cordeiro Guerra, vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, destacó que la región dispone de los activos necesarios para avanzar hacia un desarrollo más sólido, enfatizando la importancia de generar empleos de calidad que fortalezcan la productividad y el crecimiento económico.
Inversión débil y presiones externas condicionan la recuperación
El consumo privado continúa siendo un soporte relevante para la actividad económica, aunque con un aporte limitado. En contraste, la inversión se mantiene contenida debido a la cautela empresarial frente a un entorno global incierto. Entre los principales factores que inciden en esta situación se encuentran las elevadas tasas de interés internacionales, la desaceleración de las economías avanzadas y de China, así como la persistente incertidumbre en materia de comercio internacional.
A ello se suman las tensiones geopolíticas, incluyendo conflictos internacionales que han incrementado los precios de la energía y generado riesgos inflacionarios adicionales. Este contexto podría retrasar los procesos de flexibilización monetaria y ejercer presión sobre las finanzas públicas de los países de la región.
«Ecuador avanzó en una consolidación fiscal plurianual centrada en políticas recaudatorias, reforma de los subsidios al combustible y recomposición de los colchones de liquidez, acompañada de un progreso sostenido en el cumplimiento de las metas del programa y una reducción de los spreads soberanos. Los próximos pasos—ya en marcha— para consolidar la sostenibilidad fiscal y preservar las condiciones financieras favorables se centran en seguir fortaleciendo los ingresos no petroleros y los colchones de liquidez, en mantener la calidad del gasto público y en lograr avances adicionales en gobernanza y reformas para la inversión privada, bajo el programa de las autoridades», especifica el informe sobre Ecuador, en su página 15.
Si bien los niveles de deuda pública han mostrado cierta estabilización, continúan siendo elevados en términos históricos. Los altos costos asociados al servicio de la deuda limitan la capacidad de los gobiernos para destinar recursos a inversión en infraestructura y programas sociales, considerados fundamentales para el crecimiento de largo plazo.
Reformas estructurales como eje para impulsar el crecimiento
El informe identifica también como prioridades estratégicas la recuperación de la confianza empresarial, el fortalecimiento de la inversión privada y el aumento de la productividad. En este contexto, América Latina y el Caribe cuenta con ventajas relevantes, como la posesión de aproximadamente el 50% de las reservas mundiales de litio, un tercio del cobre y una matriz energética comparativamente más limpia, además de avances en procesos de reforma en varios países.
Para capitalizar estas fortalezas, algunos gobiernos han comenzado a implementar políticas industriales orientadas a potenciar sectores estratégicos. Sin embargo, el reporte advierte que la efectividad de estas iniciativas dependerá de la consolidación de bases estructurales adecuadas.
En este sentido, se plantean cuatro líneas de acción fundamentales: cerrar brechas de habilidades mediante educación y formación técnica; ampliar el acceso al financiamiento y fortalecer los marcos regulatorios; profundizar la integración comercial para mejorar la competitividad; y robustecer la capacidad institucional para diseñar e implementar políticas públicas efectivas.
«Para que América Latina y el Caribe aumente el crecimiento y diversifique sus economías, las políticas industriales o de productividad necesitan invertir en la base: habilidades, apertura e instituciones sólidas, las condiciones que permiten a las empresas asumir riesgos, innovar, competir y crecer», señaló William Maloney, economista jefe del Grupo Banco Mundial para América Latina y el Caribe.
En conjunto, estas medidas buscan sentar las bases para un crecimiento sostenido que permita a la región enfrentar los desafíos actuales y aprovechar sus oportunidades en un entorno global en constante transformación.
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