América Latina y el Caribe completarían cinco años consecutivos de bajo crecimiento económico, con una expansión promedio cercana al 2,3 % anual. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), este ritmo resulta insuficiente para elevar sostenidamente el ingreso por habitante y reducir las brechas de desarrollo.
En su Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026, publicado el 20 de agosto, la CEPAL proyectó un crecimiento regional del 2,2 % para 2026, inferior al 2,4 % registrado en 2025. Para 2027, el organismo de las Naciones Unidas prevé una recuperación parcial hasta el 2,5 %. Las estimaciones reflejan un escenario de expansión moderada y diferencias entre las economías de la región.
La informalidad limita el avance de la productividad
El organismo identifica problemas estructurales detrás del bajo crecimiento, entre ellos la escasa inversión, el lento aumento de la productividad y la persistencia de la informalidad laboral. A estos factores se suman un entorno internacional menos favorable, las tensiones geopolíticas y la volatilidad financiera, que contribuyen a la desaceleración prevista para 2026.
El informe también establece diferencias en los efectos del crecimiento sobre las actividades formales e informales. Según el análisis de la CEPAL, la expansión económica puede elevar la productividad en ambos sectores, pero los efectos son más rápidos, intensos y duraderos en el empleo formal. El organismo señala que los mayores avances de formalización se produjeron entre 2000 y 2013, mientras que ese impulso perdió fuerza desde 2014.
Ante estos resultados, la CEPAL plantea una estrategia de formalización productiva que vaya más allá de las reformas regulatorias. Su propuesta incluye ampliar el acceso al financiamiento, incorporar tecnología y fortalecer la integración de empresas en cadenas productivas de mayor valor. El organismo sostiene que estas transformaciones son necesarias para elevar la productividad y superar la prolongada etapa de bajo crecimiento regional.




