El fenómeno de El Niño podría afectar a las economías latinoamericanas durante los próximos meses. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), existe una probabilidad superior al 83% de que alcance una intensidad fuerte o muy fuerte entre enero y marzo de 2027. Además, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que sus efectos pueden reducir la actividad económica y elevar los precios. Estas consecuencias podrían continuar incluso después de que termine el fenómeno.
La agricultura figura entre los sectores más vulnerables. Según un análisis de BBVA Research de octubre de 2026, las lluvias podrían beneficiar algunos cultivos en Argentina. Sin embargo, las sequías y las altas temperaturas amenazan la producción agrícola de Colombia. En Perú, los riesgos incluyen daños a los cultivos, la pesca y la infraestructura. Mientras tanto, Centroamérica enfrenta problemas por la falta de lluvias, especialmente en el Corredor Seco. Por ello, una menor producción podría elevar los precios de los alimentos y reducir los ingresos de los agricultores.
El suministro eléctrico también enfrenta riesgos. La Agencia Internacional de Energía (AIE) señala que el clima ha provocado importantes variaciones en la generación hidroeléctrica regional. Entre 2015 y 2025, la participación anual de esta fuente registró variaciones de hasta 20 puntos porcentuales en Ecuador. En Panamá alcanzaron 17 puntos y en Colombia, 10. Durante las sequías, las centrales hidroeléctricas pueden producir menos electricidad. En consecuencia, los países podrían necesitar otras fuentes de energía, lo que aumentaría los costos para empresas y hogares.
Por otra parte, las lluvias intensas pueden dañar carreteras, puentes y centros de producción. Estos problemas dificultan el transporte de mercancías y generan mayores gastos para las empresas. Asimismo, las sequías pueden afectar el transporte fluvial y el abastecimiento de agua. La CEPAL advierte que las pérdidas económicas varían entre países y pueden prolongarse durante varios meses. Por eso, los gobiernos y las empresas necesitan mejorar sus planes de prevención. El objetivo es reducir las pérdidas, proteger la producción y evitar mayores presiones sobre los precios.




