Agosto 18,2026.- La competencia económica global está poniendo mayor atención en los activos que sostienen la producción y las nuevas tecnologías. Minerales críticos, electricidad, semiconductores, centros de datos e infraestructura asociada a las cadenas de suministro están adquiriendo un peso creciente en las decisiones de inversión y localización empresarial.
La inversión se concentra en sectores estratégicos
El cambio ya se refleja en los flujos de capital. Según UNCTAD, los sectores estratégicos —que incluyen infraestructura para inteligencia artificial, semiconductores, minerales críticos, tecnologías de transición energética y manufactura avanzada— representaron 44% del valor mundial de los proyectos de inversión greenfield en 2025, frente al 16% registrado en 2020.
Los minerales críticos son otro punto de presión. La Agencia Internacional de Energía proyecta que la demanda de litio crecerá más de tres veces hasta 2040, mientras que la de níquel, grafito y tierras raras también mantendrá un crecimiento significativo. La IEA advierte además que los déficits de oferta de cobre y litio podrían persistir hasta 2035 con la cartera actual de proyectos.
La infraestructura energética también gana relevancia. La IEA estima que el consumo eléctrico de los centros de datos pasará de 485 TWh en 2025 a unos 950 TWh en 2030. El aumento convierte la disponibilidad de electricidad y de conexión a las redes en un factor relevante para el desarrollo de nueva infraestructura digital.
Para las empresas, este escenario incorpora nuevos factores a las decisiones de inversión: disponibilidad de materias primas, acceso a energía, capacidad de procesamiento, infraestructura y ubicación de proveedores. La competencia ya no depende únicamente de costos y mercados, sino también de la posibilidad de asegurar los recursos y las capacidades necesarias para sostener determinadas actividades productivas.




