Los ríos del mundo registraron en 2025 uno de sus años más secos en 35 años. Los caudales inferiores a lo normal afectaron al 36% de la superficie de las cuencas mundiales. Además, el almacenamiento de agua terrestre mantiene una tendencia descendente desde mediados de la década pasada, según la Organización Meteorológica Mundial.
La menor previsibilidad afecta especialmente a actividades que utilizan agua para producir, enfriar, limpiar o procesar materiales. Entre ellas figuran la alimentación, la minería, los semiconductores y los centros de datos. La disponibilidad local determina tanto el suministro como las necesidades de tratamiento, almacenamiento y reutilización.
El acceso al recurso condiciona nuevas instalaciones
Nueva York mostró en julio de 2026 cómo estas variables pueden intervenir en el desarrollo de proyectos. El estado suspendió temporalmente determinados permisos para nuevos centros de datos de gran escala. La evaluación incorporará sus efectos sobre el uso y la calidad del agua. En mayo, las solicitudes de conexión eléctrica de estos proyectos sumaban casi 12 gigavatios, según la orden ejecutiva estatal.
La presión sobre el recurso también está movilizando inversiones en tecnologías hídricas. Ecolab completó en diciembre de 2025 la compra del negocio de electrónica de Ovivo. La operación, anunciada por aproximadamente USD 1.800 millones, incorporó sistemas de agua ultrapura para la fabricación de semiconductores. La compañía vinculó la adquisición con soluciones para reducir el uso de agua dulce, según Ecolab.
Estos movimientos sitúan el agua en etapas cada vez más tempranas de una inversión. Su disponibilidad interviene en la selección del lugar, los permisos y el diseño de las instalaciones. También modifica el capital necesario para asegurar el suministro y mantener la producción en zonas con mayor presión hídrica.





