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La circularidad entra en el negocio

La reutilización, la reparación y el ecodiseño están entrando en las decisiones empresariales sobre productos, materiales y modelos de negocio.

La economía circular está ganando espacio en las estrategias corporativas. La Ellen MacArthur Foundation señala que 55% de las grandes empresas tiene compromisos de circularidad. El objetivo es mantener productos y materiales en uso durante más tiempo, reducir los residuos y disminuir la dependencia de recursos vírgenes.

El cambio también está modificando la manera en que las empresas diseñan y desarrollan sus productos y empieza a incorporarse desde la elección de materiales y puede abarcar la durabilidad, la reparación, la reutilización, el desmontaje y la recuperación de componentes.

La moda ofrece un ejemplo concreto. En 2023, Stella McCartney lanzó el Close-the-Loop Parka, una prenda fabricada con nylon ECONYL® regenerado y diseñada para desmontarse al final de su vida útil. La marca creó además un sistema de recuperación para que los clientes puedan devolver la prenda y sus materiales sean enviados a una planta de reciclaje para transformarse nuevamente en hilo.

Este planteamiento responde a algunos de los principales desafíos de la industria: menos del 1% de los materiales utilizados para producir ropa vuelve a convertirse en nuevas prendas y 87% de las fibras utilizadas en la ropa termina incinerada o en vertederos.

El caso muestra que la circularidad no empieza cuando una prenda se desecha, sino mucho antes. Esta lógica también está llegando a la regulación. En julio de 2024 entró en vigor en la Unión Europea el Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR), que permite establecer requisitos relacionados con la durabilidad, reparabilidad, reutilización, reciclabilidad y contenido reciclado de determinadas categorías de productos. El reglamento también contempla el Pasaporte Digital de Producto, que permitirá incorporar información sobre las características de sostenibilidad de determinados productos.

Para las empresas, el cambio supone llevar la economía circular desde los objetivos ambientales hacia decisiones concretas de negocio: qué materiales utilizar, cómo diseñar los productos, cuánto tiempo pueden mantenerse en uso y qué ocurrirá con ellos cuando lleguen al final de su vida útil.

La transición, por tanto, implica replantear productos y procesos para que los materiales conserven su valor durante más tiempo. La circularidad empieza a convertirse así en un criterio de diseño, innovación y competitividad.

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