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El costo invisible de la huella de datos: cuánto pagan las empresas por información que ya no necesitan

La transformación digital también tiene una dimensión ambiental y económica. A medida que las organizaciones generan más información, crecen los recursos necesarios para almacenarla, protegerla y administrarla, lo que convierte la gestión de datos en un nuevo desafío de eficiencia.

Agosto 12, 2026.- La transformación digital ha permitido a las empresas recopilar, analizar y almacenar volúmenes de información sin precedentes. Sin embargo, ese crecimiento también tiene un costo menos visible: mantener datos que ya no aportan valor implica más infraestructura, mayor consumo de energía y gastos adicionales en almacenamiento, seguridad y administración. La llamada huella de datos pone el foco precisamente en ese impacto.

La magnitud del desafío sigue aumentando. La Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), con base en proyecciones de IDC, estima que el universo global de datos alcanzó 149 zettabytes en 2024 y podría superar los 394 zettabytes en 2028. Para dimensionar la cifra, un zettabyte equivale a un billón de gigabytes. Cuanto mayor es el volumen de información, mayor es también la infraestructura necesaria para procesarla, almacenarla y mantenerla disponible.

Ese crecimiento también incrementa la demanda de infraestructura digital. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), los centros de datos consumieron alrededor de 485 TWh de electricidad en 2025, frente a los 415 TWh registrados en 2024. La organización prevé que esa demanda aumente hasta cerca de 950 TWh en 2030, cuando representaría alrededor del 3% del consumo mundial de electricidad. Aunque la inteligencia artificial es uno de los principales impulsores, el crecimiento también responde a la expansión de los servicios en la nube, el almacenamiento digital y otras cargas de trabajo informáticas.

El desafío de gestionar lo que ya no aporta valor

La acumulación de información también tiene un costo para las organizaciones. Un análisis de ISACA advierte que al menos el 30% de los datos empresariales corresponde a información redundante, obsoleta, trivial o dark data, lo que incrementa los costos de almacenamiento, seguridad y cumplimiento normativo. En paralelo, el informe Data Security Landscape 2025 de Proofpoint revela que 46% de las organizaciones considera que la proliferación de datos en la nube y aplicaciones SaaS (data sprawl) es uno de sus principales desafíos, mientras que 31% identifica los datos redundantes u obsoletos como un riesgo significativo. Ambas investigaciones coinciden en que el reto ya no es solo generar más información, sino administrarla de manera eficiente.

Cada archivo que permanece almacenado requiere copias de seguridad, controles de ciberseguridad, monitoreo y tiempo para localizar, clasificar y administrar la información. Por ello, cada vez más empresas incorporan estrategias de gestión del ciclo de vida de los datos, definiendo prácticas que ayudan a optimizar recursos, reducir costos y disminuir la presión sobre la infraestructura digital.

Clasificar la información según su valor, aplicar períodos de retención, eliminar duplicados y trasladar los datos de menor uso a sistemas de almacenamiento más eficientes permite reducir infraestructura y costos sin comprometer la información necesaria para operar. A medida que crecen el volumen de datos y la demanda energética de la tecnología, administrar qué se almacena, dónde y durante cuánto tiempo se convierte en una decisión de eficiencia, seguridad y sostenibilidad.

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