Agosto 27,2026.- Los fenómenos meteorológicos extremos representan un desafío creciente para sociedades y empresas. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) señala que 2025 fue el segundo o tercer año más cálido registrado y que los eventos extremos, entre ellos calor intenso, lluvias fuertes y ciclones tropicales, provocaron importantes alteraciones en comunidades y economías. Para las empresas, estos escenarios pueden afectar instalaciones, transporte, disponibilidad de agua, trabajadores y cadenas de suministro.
La adaptación implica anticipar esos riesgos y reducir sus impactos. La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) identifica medidas como la evaluación de riesgos, los sistemas de alerta temprana y la infraestructura resiliente. Para las empresas, esto puede traducirse en mejorar el drenaje de instalaciones, proteger activos, adecuar espacios de trabajo frente al calor, asegurar fuentes alternativas de agua, revisar rutas de transporte o contar con proveedores alternativos.
El calor también afecta las condiciones de trabajo. Un informe de la OIT publicado en 2026 estima que al menos 2.410 millones de trabajadores, equivalentes al 71% de la población laboral mundial, están expuestos a calor excesivo. La organización señala que esta exposición puede generar riesgos para la seguridad y salud de los trabajadores, además de afectar la capacidad para realizar determinadas tareas.
El financiamiento es otro de los desafíos. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que los países en desarrollo necesitarán entre USD 310.000 millones y USD 365.000 millones anuales para adaptación en 2035, mientras que los flujos internacionales de financiamiento público para adaptación fueron de USD 26.000 millones en 2023. La diferencia evidencia la magnitud de los recursos que serán necesarios para reducir la vulnerabilidad frente a los impactos climáticos.
Para las empresas, adaptarse no significa únicamente proteger activos o evitar pérdidas. También supone mantener condiciones de trabajo adecuadas, reducir interrupciones y fortalecer la capacidad de respuesta de las comunidades y cadenas de suministro de las que dependen. En este contexto, la adaptación climática comienza a formar parte de la planificación empresarial como una combinación de prevención, resiliencia y continuidad, frente a condiciones ambientales que ya están modificando la actividad económica y social.





